sábado, 14 de noviembre de 2015

Laura Antillano CRONOLOGÍA

1950  Nace el 8 de agosto en Caracas, sus padres son Lourdes Armas (pintora) y Sergio Antillano (periodista),con  siete hermanos: Pablo Antillano Calcaño, Lucia, Sergio, Gerardo, Amanda y Diana Antillano Armas.

1961-1965. La familia se muda a Maracaibo, estudia 6to grado en la Escuela Nacional “Lucila Palacios” y pasa al liceo “Rómulo Gallegos” y “Udón Pérez” para  cursar el bachillerato, allí organiza actividades en el Centro Literario. Participa en un concurso interliceista de poesía y gana el 3er premio. Crea en su liceo la Galería El Sótano, con Edwin Villasmil, dibuja y escribe poesía. Publica sus primeros cuentos o minicuentos en la página de Artes y Letras del diario Panorama.

1966. Crea junto a Hernán Alvarado, Pablo y Enrique Riquelme, José Luis Acosta, Blas Perozo Naveda, el grupo La Mandrágora, en un garaje-sótano de la casa de los Antillano en la Avenida El Milagro, sector La Cotorrera, de Maracaibo. En este local se organizaron exposiciones de pintura, lecturas de poesía y encuentros con intelectuales de la región./ La escritora establece una acuciosa correspondencia con Gonzalo Arango, mentor y apóstol del Nadaismo colombiano, con la revista El Corno Emplumado de México, dirigida por Sergio Mondragón, con la Revista En Haa de Venezuela. Comienza a trabajar en montajes de teatro de títeres, orientada por Francisco Bellorín, con Luz Marina Gutiérrez y los compañeros de La Mandrágora. Mantiene la publicación periódica de sus cuentos en la página del diario Panorama, dirigida por Néstor Leal. Conoce  a  Lyda Franco Farias, Juan Pintó, Jesús Serra.

1967 Ingresa a la Escuela de Letras de la Universidad del Zulia.

1969 Funda oficialmente el Teatro de Títeres Chímpete Chámpata como institución adscrita a la Dirección de Cultura de la Universidad del Zulia, .Publica su primer libro: La Bella Época, editorial MonteAvila, Caracas.

1970 Publica su primera novela: “La muerte del monstruo Come-piedras” editorial MonteAvila, Caracas. Egresa de la Escuela de Letras y dicta la cátedra de Literatura Infantil en la Escuela de Educación de L.U.Z.
Recibe una beca del INCIBA y viaja a Italia, a Roma, en donde permanece 10 meses. Al regreso se reintegra a su grupo de títeres Chímpete Chámpata.

1972 Con el Chímpete Chámpata, grupo que dirige, realizan el montaje de Los títeres de cachiporra, con textos de Federico García Lorca, con adaptación y dirección de Enrique León, utilería de Luz Marina Gutiérrez, musicalización de Juan Domínguez  y escenografías de Francisco Bellorín, montan “Los títeres de Cachiporra” de Federico García Lorca.

1973  Viaja a Chile en donde toma cursos de Literatura Chilena dictados por Luis Domínguez y Antonio Skarmeta, de la Universidad de Chile, asiste a un taller de narrativa con Luis Domínguez, allí conoce entre otros escritores a Jaime Quezada y Dario Osses; trabaja en el Parque O’Higgins en La Merluza Feliz haciendo actividades recreativas con los niños y en la escuela Francisco de Miranda en Santiago .A raíz del Golpe Militar de septiembre regresa a Venezuela .Publica su cuento: La pensión de la Calle Miraflores, alusivo a la circunstancia.

1974  Ingresa por concurso como profesora de Literatura en la Universidad de Carabobo en la ciudad de Valencia, por lo tanto se muda a vivir a esta ciudad. Allí crea las páginas de Literatura e Infantil del diario Hora Cero. Es nombrada Coordinadora de Cultura de la Facultad de Educación.

1975      Publica “Un carro largo se llama tren” (ediciones MonteAvila ,Caracas) y Los Haticos Casa Nº 20 (Dirección de Cultura, Universidad del Zulia,Maracaibo).Colabora con guiones radiales para el programa “Horizonte” destinado a niños radioescuchas, producido por Haideé y Victor Cadet.

1976   Con Titina Blanco y Diana Labrador de Maracaibo,crean el grupo de teatro “María Calcaño” con el cual diseñan un montaje titulado: ”Te estoy mirando, amor” ,con textos de distintos autores, el cual llevan a Caracas, Valencia y Maracaibo. Escribe sobre fotografía y literatura en distintas publicaciones nacionales. Es nombrada jurado del Premio Casa de las Américas en su sección de obras para niños, viaja a Cuba, participa en el evento al lado de Ernesto Cardenal, Ramón Palomares , Chico Buarque de Holanda, Juan Gelman, José Vicente Abreu, Hugo  Niño, y otros autores.

1977  Fallece su madre y escribe: La luna no es de pandehorno, relato con el que gana el Premio de cuento del diario El Nacional este año.

1979      Viaja a la ciudad de  Memphis, Tenesse (USA) con el grupo musical Coral Infantil de Valencia, quienes en gira montan piezas del escritor Aquiles Nazoa.

1980  Publica la primera edición de la novela Perfume de gardenia, en ediciones de Seleven.

  1981    Viaja a Oregon (USA) con su familia vive en la ciudad de Eugene , toma cursos en la Universidad de Oregon, conoce al escritor chileno Juan Epple, al poeta  Steven White, quien prepara una antología de escritores de Oregon en la cual incluye a la escritora con su cuento: El Fauno, traducido al inglés, dedicado a la fotógrafa  Imagen Cunnhingam  de Seattle.
Publica textos poéticos con fotografías de Julio Vengoechea sobre Maracaibo (Cuadernos Lagoven, Maracaibo).

1982  Regresa a Venezuela. 1982  Trabaja en el guión cinematográfico del largometraje Pequeña Revancha, sobre un cuento de Antonio Skarmeta, con el director del film, Olegario Barrera.

  1983    Se muda a vivir a Caracas, y viaja para dictar clases en la Universidad de Carabobo. Dicta  talleres literarios, escribe para la revista Imagen (CONAC), para el diario El Nacional, la revista Buen Vivir dirigida por Pablo Antillano, y otras publicaciones. Mantiene una actividad continua de reseña al trabajo fotográfico de los venezolanos, publicando sus notas críticas en distintos medios. Hace reseñas para catálogos de exposiciones .Publica  “Cuentos de Película” (ediciones Seleven C.A.,Caracas).Gana el Premio de Cuento Julio Garmendia  promovido por la Universidad Central de Venezuela. Su cuento se titula: Caballero de Bizancio. Coordina el Taller de Narrativa del CELARG en Caracas . Dicta con el poeta Alberto Márquez, talleres de literatura para jóvenes, en  Caracas y  Valencia. Viaja a La Habana a la Conferencia Internacional sobre Literatura Cubana, en septiembre.

1984- 1985. Ingresa al equipo de producción de César Bolívar en Radio Caracas Televisión para las adaptaciones de los cuentos de Rómulo Gallegos y la creación de una serie juvenil. Realiza la adaptación de los cuentos: La Fruta del Cercado Ajeno y La Hora Menguada.  Dicta un taller literario dentro del  curso de formación de actores de la  Fundación Academia Nacional de Ciencias y Artes del Cine y la Televisión, para los jóvenes ganadores del concurso: Mañana serán astros. Publica Dime si adentro de ti no oyes tu corazón partir (editorial Fundarte, Caracas).Cuentos de película (primera edición).Publicaciones Seleven, Caracas.

1986  Recibe con Olegario Barrera el Premio por Mejor Guión de largometraje del Festival de Cine Nacional, en Mérida, por el guión de “Pequeña Revancha”. Participa como ponente en el I Simposio de la Fotografía en la Universidad Simón Bolívar en Caracas, en relación  al tema de la Fotografía y el Erotismo. Es jurado de Fotografía Documental en el Instituto Autónomo Biblioteca Nacional, Caracas.  Coordina el Encuentro por la Fotografía: Homenaje a Henrique Avril . Organiza con el ViceRectorado Académico, Universidad de Carabobo, Publica una columna semanal en el diario El Carabobeño de Valencia, titulada :La luna no es de pandehorno (hasta 1989).

1987 Premio de la Asociación Nacional de Autores Cinematográficos por Mejor Guión a Pequeña Revancha, Caracas.  Premio al Mejor Guión de Largometraje dirigido a la Infancia y la Juventud (FONCINE) por el guión: Con cierto corazón, escrito en conjunto con Néstor Caballero .Mención Especial en el 3er Concurso de Dramaturgia Infantil de la UCV por la obra: “Fábula Intergaláctica en el planeta de Francisco Faro Flor”./Regresa a vivir a la ciudad de Valencia, a su casa de El Naranjal, inicia los Talleres Literarios con el nombre de: La Bella Época. Jurado de Selección y Premiación del Primer Salón Nacional de Fotografía de Caracas.

1988 Publica el libro de cuentos: La luna no es de pandehorno (MonteAvila, Caracas).Participa en un foro homenaje a Teresa de la Parra, con Velia Bosch y Yolanda Pantin,  a raíz de ser trasladados los  restos de la escritora a Venezuela(22 de febrero, Ateneo de Caracas).

1989 Por su año sabático se muda a Maracaibo en donde estudia la Maestría en Literatura Venezolana, dirige un taller literario en el Centro de Bellas Artes. Dirige el Suplemento Literario: El Otro Papel del diario Crítica, de Maracaibo.

1990 Gana el Ascesis al Premio Miguel Otero Silva de la editorial Planeta de Venezuela y es publicada su novela Solitaria Solidaria (Planeta, Caracas).

1991. Produce un programa radial semanal llamado: Reporte Especial, con Daniel Castro, en la emisora de la Universidad del Zulia 102.9 FM. /En Venezuelan short stories. Prólogo Lyda Aponte de Zacklin. Laura Antillano: La luna no es de pandehorno, traducción Bruce Morgan. Monte Avila Editores, Caracas.Publica: ¡Ay¡ qué aburrido es leer (Consejo de Desarrollo Científico y Humanístico, Universidad de Carabobo, Maracaibo) ,Tuna de mar (editorial Fundarte, Caracas), ¿Cenan los tigres la noche de navidad? (editorial MonteAvila, Caracas) y Jacobo ahora no se aburre (editorial La Letra Voladora, Valencia).

1992 -Crea la Fundación sin fines de lucro en pro de la lectura La Letra Voladora, con Cósimo Mandrillo, Tony Boza, Sergio Antillano Armas, Margarita Arribas. Regresa a vivir a Valencia, se reintegra a su trabajo en la Universidad de Carabobo. Publica la segunda edición de ¿Cenan los tigres la noche de navidad? (editorial MonteAvila, Caracas) , la segunda edición de Dime si adentro de ti no oyes tu corazón partir (editorial Fundarte, Caracas) y Diana en  tierra wayúu (editorial Santillana, Bogotá).

1993- Participa en los talleres internacionales de Expresión y Creatividad organizados por Víctor Fuenmayor en Maracaibo, dictando un taller de guión cinematográfico.

 1994     -Ingresa a la Comisión Coordinadora de la Maestría de Literatura Venezolana en la Universidad de Carabobo. Recibe el Premio Regional de Literatura Jesús Enrique Lossada, sección Narrativa, de la Gobernación del Estado Zulia. Retoma los talleres de La Letra Voladora en su casa en Naguanagua, Valencia. / Recibe el Premio Regional de Literatura Jesús Enrique Lossada, sección Narrativa, de la Gobernación del Estado Zulia. Retoma los talleres de La Letra Voladora en su casa de habitación en Naguanagua, Valencia.

1995.- Dirige el Suplemento Letra Inversa del diario Notitarde de Valencia, hasta 1997.

1996      Publica en  México, en editorial CIDCLI, el cuento para niños: Una vaca querida. Se jubila como profesora en la Universidad de Carabobo, manteniendo la figura de jubilada activa.

1997      Inicia la publicación de una página dominical, en la Revista del diario Notitarde de Valencia, dedicada a la promoción de la lectura en la escuela, se titula: La Escuela Viva, que mantiene aún. Comienza a producir un programa radial para la emisora universitaria 104,5FM, con formato de revista, sabatino, titulado: La Palmera Luminosa.

1999.-   Es nombrada  Directora de Cultura de la Universidad de Carabobo, cargo que ejercerá hasta el año 2000. Crea El Caimán Ilustrado en la Dirección de Cultura, de la Universidad de Carabobo, publicando nuevos narradores, ensayo filosófico y entrevistas.

- 2001    Publica por la Dirección de Cultura de la U.C. el primer libro de la serie: De la escuela salen los caminos, edición de antología de textos programados para las escuelas, regionalizado y con actividades pedagógicas de promoción a la lectura, realiza la coordinación de este proyecto e incluye textos suyos y del equipo de su grupo La Letra Voladora, destinado al Municipio Naguanagua de la ciudad de Valencia. Posteriormente saldrán nuevas ediciones del Ministerio de Educación, Cultura y Deporte y de la Alcaldía de Nagunagua./ Nueva edición de Solitaria solidaria. Ediciones El otro, el mismo. Mérida, Venezuela./Mi vaca querida. Tercera reimpresión: Editorial CIDCLI,S.C., México.

  2002    Participa en el Congreso de Lectura patrocinado por la sección del IBBY de Cuba, en La Habana, octubre. Participa en la V Bienal Mariano Picón Salas en Mérida en donde es presentada la redición de su novela Solitaria Solidaria, por la editorial El mismo, el otro. Publica: Las aguas tenían reflejos de plata, editorial Alfaguara.

2003      Viaja en enero como jurado del Premio Casa de las Américas de Cuba, en el área de obras para niños, en el que participa con los escritores Enrique Pérez Díaz y Luis María Pescetti. Es seleccionada por la Dirección de Literatura del CONAC para dictar la Cátedra de Literatura Venezolana en la Universidad de Salamanca en mayo, curso que dedica a la revisión de diez novelistas venezolanas del siglo XX. Dicta una charla sobre Narrativa Venezolana en la Universidad de Murcia. Publica: Las aguas tenían reflejos de plata (editorial Santillana, Caracas).La Secretaria del Gobierno de Carabobo publica el segundo libro de: De la escuela salen los caminos, dedicado a los Municipios Bejuma, Miranda y Montalbán. Viaja a España dictar una conferencia  sobre Literatura y Cine en la Universidad de Murcia y participar en el Congreso Internacional de Minificción en Salamanca, en compañía de los escritores Armando Sequera y Victor Bravo,  donde presenta una ponencia sobre la obra del escritor Alfredo Armas Alfonzo. Crea con Coralia López el proyecto de Leer es una nota, de promoción a la lectura en las escuelas de Valencia, para la Alcaldía de Valencia, publica:  Cuento de amor o de cómo Zaracatón se convirtió en ratón, adaptación de leyenda Chaima. (2003) Ediciones Alcaldía de Valencia. Valencia. Participa activamente en el programa de Fundación CENAMEC: Escribir es una ciencia, dictando talleres para los maestros en la Zona Educativa del estado Carabobo,por la formación en creación de estrategias para el aula en área de lectura y escritura, hasta el 2005.

 2004     Publica Miradas a la ciudad, recopilación de fotografías de varios autores, selección de  Argenis Agudo ,Valencia , con texto introductorio de Laura Antillano (La Letra Voladora,Valencia)./

2005      Publica la antología de textos De la escuela salen los caminos, dedicado al Estado Zulia,
 con ilustraciones de su madre la pintora Lourdes Armas. Publica: Elogio a la comunidad (Biblioteca Temática Venezolana, CONAC). Publica Poesía: El verbo de la madre, ediciones El otro, el mismo, Mérida./Anna Caballé La vida escrita por las mujeres. Lo mío es escribir: Siglo XX, 1960-2001.Introducciones de Alicia Redondo y Fernando Ainza. Laura Antillano: pág 321-338.ditorial Lumen, Barcelona, España./La aventura de leer. Colección Estrategias de lectura. Ministerio de la Cultura, Consejo Nacional de Cultura./Selección y prólogo de: Once cuentan en sábado. Antología de cuentos del Taller de Narrativa de La letra voladora, edición Medios y Publicaciones, Universidad de Carabobo.

2006      Publica La luna no es  pandehorno y otras historias .Selección y prólogo de Zulema Moret. Monte Avila Latinoamericana, Caracas.

2007      Perfume de gardenia (2007), edición Fondo editorial Casa de las Américas, Cuba./  Emilio en busca del Enmascarado de Plata, editorial MonteAvila, Caracas/Si tú me miras, editorial Gente Nueva, La Habana, Cuba./ Inicia los Encuentros con la literatura y el audiovisual para niños y jóvenes, con apoyo de  la Casa Nacional de las Letras Andrés Bello y el Centro Nacional del Libro./Publica la edición de La luna no es de pan-de-horno y otras historias en la Biblioteca Popular para los Consejos Comunales./Libro de amigo (poemas) Colección Poesía venezolana, Fundación editorial El perro y la rana,Caracas.

2008      Publica el poemario Migajas , ganador  de la Bienal José Rafael Pocaterra en Mención Poesía./ Participa en el Primer Congreso de la Cultura Iberoamericana dedicado al cine y audiovisual en Iberoamérica, en México, presenta una ponencia sobre la obra de Luis Alberto Lamata, Mariana Rondón y Alberto Arvelo./ Un cuento de los Reyes Magos (2008). Fondo editorial del Caribe, Barcelona, Anzoátegui./Organiza el 3er Encuentro con la literatura y el audiovisual para niños y jóvenes.

2009      Hace selección y presentación de: Nuevos autores de literatura infantil.(2007) Ediciones Casa de las Letras Andrés Bello. Caracas./ Solitaria solidaria (2007)MonteAvila editores, Caracas/Si tú me miras, ediciones Espasa Juvenil, Espasa,Calpe, S.A, Caracas./ Libro de amigo, editorial El perro y la rana, Caracas./Organiza el 4do Encuentro con la literatura para niños y jóvenes./ La luna no es de pan-de-horno y otras historias. Biblioteca Popular para los Consejos Comunales. Fundación editorial El perro y la rana./Narcisa ha desaparecido. Edición Alfaguara Infantil, Caracas.

2010 Organiza el 5to Encuentro con la literatura y el audiovisual para niños y jóvenes./Publica Las aguas tenían reflejos de plata, edición de la Fundación editorial El perro y la rana./Primera edición de: La araña, Alfaguara Infantil, Caracas.

2011  Premio del Ministerio del PP de la Cultura por la Antología Leer a la orilla del cielo/. Crónicas desde una mirada conmovida. (2011) Fondo Editorial Fundarte. Alcaldía de Caracas./Organiza el 6to Encuentro con la literatura y el audiovisual para niños y jóvenes./Publica: Crónicas desde una mirada conmovida. Fondo editorial Fundarte, Caracas./Publica: La señora Morcilla no tiene cosquillas, editorial Alfaguara, Caracas./Teresa de la Parra, Las memorias de Mamá Blanca. Prólogo Laura Antillano. Serie Roja, Alfaguara-Santillana, Caracas.

2012- Novela: Ciudad  abandonada en el fondo de mi corazón (2012)editorial MonteAvila, Caracas/. “Maestra Honoraría” por la Universidad Nacional de las Artes (2012)/.Organiza el 7timo Encuentro con la literatura y el audiovisual para niños y jóvenes./ Es jurado del Premio para autores inéditos de MonteAvila editores en área de Literatura para niños./Red Nacional de escritores socialistas de Venezuela. Un día para siempre, treinta y tres ensayos sobre el 4F.Laura Antillano: Aquel “por ahora” que dio la pauta../Cuentos capitales. Varios autores. Laura Antillano: Alfredo y Ricardo son amigos. Edición Alfaguara-Santillana, Lima,Perú./ Jaime Quezada (2012)Gabriela Mistral: Padre Bolívar. Recados de la América Nuestra. Laura Antillano:Diálogo entre Gabriela Mistral y el sueño de Bolívar. Editorial Nuevo Extremo,Chile.

2013 Cuentos con lápiz labial, abuelos, áitones, caimanes, peces y mariposas. Antología de cuentos para niños. (2013). Colección Argumentos, Serie Voces Nuevas, Fundación Centro de Estudios Latinoamericanos Rómulo Gallegos, Caracas./ Ellas (2013), edición de la Asociación de Profesores de la Universidad de Carabobo, Valencia./Mi perro Quirón, Fundación editorial El perro y la rana, Caracas./Organiza el 8tavo Encuentro con la literatura y el audiovisual para niños y jóvenes./Participa en la FILVEN Caracas y Capítulo Carabobo con una charla sobre Gustavo Pereira y el ensayo. Participa en la Feria del Libro de Fundarte con el tema: Herramientas y buenas prácticas de promoción lectora a edades tempranas. Es ponente en el Centro de Estudios Latinoamericanos Rómulo Gallegos, en el evento: El siglo XX venezolano: Análisis y proyección histórica de una centuria.  Laura Antillano: Canon, mixtura y variedad en la narrativa venezolana del siglo XX. Dicta una charla en el Programa de Homenaje a Bello en la Casa de las Letras Andrés Bello, titulada: Andrés Bello, un blanco de orilla. /Forma parte del jurado del Concurso de Novela de la Bienal Gustavo Pereira./Es jurado del Premio Libertador, al Pensamiento Crítico, al lado de Antonio Elías (Uruguay), Pascual Serrano (España), Pablo Guadarrama (Cuba), y Miguel Angel Contreras Natera (Venezuela)./Cuentos para los más pequeños desde La letra voladora. Laura Antillano: Compiladora y prologuista. Edición IPAPEDI, Valencia. Campanero Nebuloso cuento infantil, edición La letra voladora, Valencia.

2014  Organiza el 9no Encuentro con la literatura y el audiovisual para niños y jóvenes. Es jurado del 2do Festival ARACA. Realiza la labor de selección de la colección del Centro Nacional del Libro, de obra de los poetas, para su edición para niños, preparando las ediciones de: Vicente Gerbasi, Ramón Palomares, Gustavo Pereira y Andrés Eloy Blanco./ En la Feria del Libro de Fundarte da una charla Homenaje al escritor Aquiles Nazoa y sus crónicas de Caracas./Participa como jurado  de Largometraje Ópera Prima Ficción en el VII Festival de Cine Latinoamericano y Caribeño de Margarita./ En la FILVEN : Foro de adaptación de la literatura al cine. Conversatorio acerca de Televisión y violencia, por la Casa Nacional de las Letras Andrés Bello. Foro sobre el escritor brasileño Jorge Amado. Charla sobre Leer a la orilla del cielo como herramienta en la escuela. Presenta para editorial MonteAvila los libros infantiles: Tío tigre y tío conejo de Roberto Armas y Mázepa de  Magda Uzcátegui. /Participa en Cinemateca Nacional en el Homenaje al escritor Julio Cortázar y la adaptación de su literatura al cine./Es jurado del Festival de Cine Comunitario: Araca en Valencia/Antología: Cuentos en la cancha, cuentos mundiales. Laura Antillano: Manual de entrenamiento. Editorial Planeta, Lima, Perú.

2015  Organiza el 10° Encuentro con la literatura y el audiovisual para niños y jóvenes. Reinicia una columna de Opinión en el diario Notitarde de Carabobo, mantiene una columna quincenal en el diario Últimas Noticias. Es jurado del Programa de Fondos Concursables del Ministerio del PP para la Cultura, en área audiovisual, es jurado del 3er Festival ARACA en Valencia./ Realiza las selecciones de poesía de Luisa del Valle Silva y Luis Alberto Crespo, para las ediciones del Centro Nacional del Libro destinadas al público infantil./ Lleva a cabo un Programa con el Centro Nacional Autónomo de Cinematografía, para selección de 10 cuentos latinoamericanos y venezolanos, dicta un taller de guión de adaptación cinematográfica, para la elaboración de los mismos/Participa en la Feria del Libro de FUNDARTE, con ponencias relativas a: Recuento de la historia de las revistas destinadas a niños y niñas en Venezuela. Le es otorgado el Premio Nacional de Cultura, Mención Literatura por el Ministerio del PP para la Cultura.



viernes, 9 de noviembre de 2012

Ciudad abandonada en el fondo de mi corazón

Flor Gallegos escribe:

CIUDAD ABANDONADA
Laura Antillano
Novela de editorial Monte Ávila 2012

     En cierta ocasión escuché decir que leer una novela de Laura Antillano  era como  ver una película pero leyendo. Coincido con este comentario por esa particular  manera de narrar, cargada de imágenes. Sabemos que al leer recreamos los espacios y los personajes con la imaginación al servicio de la lectura, pero en el caso de un libro de Laura, ella ayuda  porque  incorpora  y enriquece las posibilidades del lector. Las imágenes  saltan desde la primera página,  Laura  las incrementa con su palabra.
Ciudad abandonada se inicia con epígrafes que anticipan el  inicio y su final. La novela representa la búsqueda y  el deseo dentro de un mundo alucinante de personajes que se hacen pedazos y se reconstruyen. 
      Se ordena a través de distintas historias tejidas mediante el encuentro en el Centro comercial Villa Barroca. Cada personaje tiene vida propia, una historia particular, su novela familiar. Enfrentan la ciudad desde su subjetividad. Y la ciudad es el  espacio de significados, de sentidos,  en el que  se  inscribe la historia social  en su dinámica “Caracas en su algarabía, su presencia imponente, su piel de siempre” y su carga de violencia. Con un lenguaje  fluido, cercano y profundo, Ciudad abandonada nos sumerge en los conflictos humanos.   
      Desde la primera página encontramos las particularidades de cada personaje. Comienza con Leticia una  periodista que se ve obligada a cubrir una noticia dolorosa, producto de la violencia. Es una mujer inteligente, sensible  y muy comprometida socialmente, lo que le genera dudas acerca de su relación amorosa.
     Por otra parte Julieta se ve envuelta en un asalto a una buseta que termina en un encuentro sexual mezcla de violencia y placer. Se exilia de un pasado y un pueblo que no le interesa recordar y  así llega a Caracas para replantearse una nueva partida.
     Diógenes es profesor universitario,  y junto a su mujer, dueño de una librería. Tiene semanas preguntándose por sí mismo, toma libros que le recuerdan su época de estudiante,  se pregunta sobre su labor docente, pero no encuentra respuestas escritas en ninguna parte. La búsqueda de sentido apenas empieza. El discurso universitario no responde a la vida “Quiere estar solo, necesita estarlo, la proximidad de Minerva no le permitirá establecer ese espacio del vacío sin ansiedad. Entonces trataría de buscar respuestas para ella, siempre se ha sabido explicando el mundo para  otros, ahora quiere sus dudas, su propio vacío de respuestas.”
     Caracas es el lugar donde se desarrolla la novela y el punto de partida y de regreso. La ciudad se presenta en toda su dimensión particular, venezolana, con sus bondades y sus horrores.
     Un elemento que a mi parecer forma parte de una constante en la literatura de Laura y que está presente en Ciudad abandonada, es la cita histórica. La novela nos lleva de ida  y vuelta en ese tejido continuo de la vida. Eventos como el Caracazo se hacen presentes, datos estadísticos que dan cuenta de los altos niveles de analfabetismo durante el siglo XX. 
     De igual forma el encuentro con escritores, músicos, pensadores y poetas es continuo,  un poeta ya fallecido puede darle continuidad a un fragmento de Luis Brito García; una estrofa de una canción de Maná o el grupo Molotov. Encontramos a líderes feministas contemporáneas marchando  por los derechos de la mujer; citas a artistas  y artesanos que viven actualmente en el país. Pero estas informaciones no están regidas por fórmulas o intentos de enseñanza academicista; por el contrario,  es la vivencia narrada a través de la ficción la que aproxima al lector al encuentro con una realidad que le es común y lo conmueve.
     A través de los personajes se cuenta todo, sucesos, datos estadísticos, encuentros y  desencuentros y así la novela  nos sumerge en un intercambio de situaciones  y reflexiones que nos comprometen con nuestros ideales  y la búsqueda interior. Se trata a fin de cuentas de  llenar ese vacío referente a la  propia vida, sobre todo  cuando nos topamos con la interioridad de algún personaje que pudiera coincidir con la nuestra.
    Ciudad abandonada nos dice del retorno de algunos a la ciudad renunciada  y la partida  de otros que se alejan con  la esperanza de encontrarse consigo mismo. Es una apuesta a la vida desde el deseo propio, una invitación a la búsqueda que cada uno pretende con su subjetividad y su pulsión a cuestas.
Algunas citas:
"Nada somos de lo que fuimos
somos un regreso pendiente en todas partes.
Nos vamos volviendo hojarasca
nos vamos recomponiendo.
Puede que la tibieza                                                      
Hay quienes van al amor
como caballeros de la Edad Media
recubren sus cuerpos con sólidos metales
y enfilan sus aceros hacia la más cruenta de las batallas."

                                                  Cristina Falcón Maldonado

"Hay también
los que vamos con el torso desnudo
sin más armadura
que las viejas heridas."
                                       Gonzalo Fragui
                                                      
“La ciudad del recuerdo es como el amor inasible (incomprensible)    […]   Minerva deja volar sus pensamientos tras las imágenes que vienen como una película a su memoria, mostrándole a Caracas en su algarabía, su presencia imponente, su piel de siempre”.





viernes, 5 de agosto de 2011

Un nuevo libro para los niños de Venezuela

Leer a la orilla del cielo

Leer a la orilla del cielo
Antología de cuentos venezolanos para niños











Presentación


Una antología de cuentos de autores venezolanos dirigida a los niños nos coloca en situación de elegir entre una gran cantidad de textos que se han venido escribiendo desde la constitución misma de Venezuela como nación y que obedecen a distintos modos de mirar y sentir el entorno y dirigirse a los niños, según la época y las corrientes sociales.
Hemos pensado en esta selección tomando en cuenta, los tópicos que por naturaleza son del agrado de los y las niñas y niños lectores, como dibujo de circunstancias, sentimientos y emociones, propios de su percepción de la realidad , las barreras del tiempo y los diversos usos del lenguaje que les corresponden enriquecen el conjunto, para recordarnos la universalidad del concepto del niño y la niña, como seres dispuestos a asombrarse frente a todo, y mantener una disposición natural a la esperanza y la curiosidad.
Si bien consideramos que la literatura se define por su tratamiento a través del lenguaje, y en el caso específico de la narrativa tendría que ver con el “hábil manejo de las secuencias de tiempo y espacio, que permita la comprensión de la historia”(…)la adecuada creación de personajes, pues es necesario que, aún cuando estos sean animales, seres humanos o fantásticos, transmitan fuerza y vitalidad, que estén bien definidos con características propias, se relacionen entre sí y evolucionen a través del desarrollo de la obra”(…) “y es de esperarse una acertada creación del ambiente o del mundo donde se desenvuelven estos personajes ,pues así sea real o fantástico, debe poseer una coherencia o lógica interna, que lo haga verosímil y convincente para el lector”(Maggi María Elena (1989)p.9).
Iniciamos nuestro comentario a partir de la organización de estos cuentos por tópicos y tratamiento. Comencemos por lo fantasioso en esta antología.
Veremos que la presencia de Los tropitrolls de Marissa Arroyal, se compagina con la animación de la fauna promovida en nuestras tradiciones por Tío Tigre y Tío Conejo ( en el cuento de Ada Pérez Guevara), puesta en práctica también en Manzanita y su multiplicidad de frutas parlantes en el cuento de Don Julio Garmendia; se descubre también en las gallinas: la una voladora en el cuento de Antonio Trujillo, la otra fantasma, en el de Mercedes Franco, las frutas de Rosario Anzola en Cóctel de frutas, la Madre Naturaleza del cuento El Tapiz de Fanny Uzcátegui, en el de la diosa Uribí, madre de las palabras, del relato de María del Pilar Quintero; la sirenita de Armando José Sequera, o el grillo banquero del cuento de Velía Bosch, Colorín Colorado., de modo lírico el pájaro Cantaclaro, también creado por la naturaleza para combinar la perfección del canto con humildad y bondad en el relato de Carmen Delia Bencomo, Jimmy el muñeco, abierto al diálogo en el cuento de Teresa de la Parra: La señorita grano de polvo, o el hombre que hace y vende almohadas de distintos materiales que llevan a vivir distintos sueños, y terminan por darle fin a la guerra al lograr poner a soñar a todos sus soldados, en el cuento de Antonio Castro Avellaneda. Todas están narraciones nos hacen disfrutar de personajes mágicos que construyen mitos hablando de sus hazañas, y colocando el pie sobre la superficie terrestre solo para recordarnos la conciencia de lo real a los lectores.
La segunda cantera se refiere a otro modo de vivir la imaginación; la que nos llega por los sueños y las ilusiones sin necesidad de dimensionarse en personajes animados o fantásticos.
De esa circunstancia nacen cuentos como: Mi madre en un pueblito de recuerdos, en donde el poeta Aquiles Nazoa, enaltece la figura materna y la imagina subida al “elefante del libro Mantilla”. O la noticia del encuentro, por primera vez entre el caballo y el niño, como arquetipos, en el bello relato de Orlando Araujo. También incluiríamos allí el afán de la niña por besar a un sapo buscando a un príncipe, en el cuento de Mireya Tábuas o aquel en el cual la niña Corazón de Arepa se convierte literalmente en un corazón de arepa y descubre a Pedazo de Pan para casarse. Por último la ensoñación que transforma la realidad en El Barco Pirata de Jesús Urdaneta, donde los niños construyen su barco a través del juego y viven la aventura a cabalidad
En un tercer grupo están los cuentos nacidos del entorno, donde la ternura y la aventura surgen de una crónica compaginada en lo real, como Magnolia de Silvia Dioverti, en el que descubrimos la vida de una perrita bombera, o De cómo Panchito Mandefuá cenó con el niño Jesús, de José Rafael Pocaterra, que relata la Navidad de un niño de la calle, como cualquiera de los que hemos visto en el abandono y el olvido, el cuento “Había una vez una mamá” de María Luisa Lázaro, en el que la madre malhumorada y regañona descubre a través de su sueño que fue ella misma una niña, agobiada por una madre parecida a la que ahora personifica. O la historia de Estelita y su mamá, en el cuento de Fedosy Santaella, en la cual la realidad del divorcio trastoca el orden armónico del mundo; la historia de Fernando y su aprendizaje ante el mar como un gran juguete, en el cuento de Luiz Carlos Neves., donde se destaca el sentimiento de la amistad y la colaboración, igual que en el cuento de Cósimo Mandrillo, el recuerdo del abuelo es un ejemplo a seguir y los detalles de la mirada desde la visión del emigrante, como el abuelo Capitán descrito por Javier Sarabia en su relato. Y por último también en este grupo de relatos de paisaje real, El aquelarre de señora Muelas y la señora Morcilla, cuento de Laura Antillano, en el cual una niña descubre el derecho a la diferencia.
Pensamos, como lo señala la escritora Mercedes Franco (2006), que: “ Los libros que los niños más aprecian y que tienen un éxito intemporal, son libros escritos sin intencionalidad, sin estar “dirigidos” a ningún tipo de público”: Tenemos aquí cuentos de la fantasía y del mundo real, cuentos de ámbito rural y cuentos urbanos, cuentos devenidos de la leyenda y el mito y cuentos de corte humano y situacional.
Los autores que hemos seleccionado han escrito en el siglo XX y el XXI. Son por tanto contemporáneos. Estilos y enfoques son, sin embargo, muy variados. En algunos de ellos es primordial el lirismo, en otros lo es el humor; en la mayoría el cuento puede tener una lectura para el adulto y otra para el niño, lo que señala la riqueza posible del texto.
Ësta es, insistimos en ello, una selección entre muchos autores, si ampliamos el espectro muchos más podrían ser incluidos en una visión totalizadora de lo que consideramos hoy el cuento para niños en Venezuela, leamos este mosaico como una muestra representativa.
Los niños, con su espíritu de libertad y su inquieta sensibilidad darán las pautas finales. Comencemos con la lectura a disfrutar de esta aventura que nos llevará de las fronteras de lo posible y/a las de lo imposible con frescura inusitada.
Laura Antillano
2010

Leer a la orilla del cielo (2010) Compilación Laura Antillano.Antología de cuentos de autores venezolanos para niños.Fundación editorial El perro y la rana, Caracas.

martes, 22 de febrero de 2011

Armando Sequera, Laura Antillano y Luiz Carlos Neves

Feria de Libertador, cine venezolano y otros condimentos

La Alcaldía de Libertador llevó a cabo una verdadera fiesta del libro en los espacios de Los Caobos y la Plaza de los Museos. Entre libros, foros y música fue un placer reencontrarse, con amigos como el poeta Juan Calzadilla, los narradores Gabriel Jiménez Emán, Wilfredo Machado, Orlando Chirinos, Armando José Sequera y mucha gente más, conocimos a la ganadora del Premio del Alba de novela, bastante reciente, Sol Linares, excelente narradora trujillana, leímos a Julio Borromé con su ensayo sobre la promoción a la lectura, titulado: “Escritos desde el monasterio”, delicioso texto pleno de referencialidad. Había movimiento y entusiasmo que ponen en evidencia la energía creativa de Freddy Yañez, Inés Ruiz y todo el equipo de FUNDARTE, el concierto de Calle 13 y Buena fé convocado en el espacio gratísimo del Parque fue uno de los aciertos principales del evento. Armando José Sequera intentó convencerme de que conocía a las golondrinas por sus gestos en día en que intentan emprender el vuelo por primera vez.
El desparpajo, las ganas de decir, la música vibrante y esplendida y esa riqueza de la palabra en el relato, en la construcción de la historia nueva, flotaba en el ambiente. Vimos en el nuevo lanzamiento del Fondo Editorial de Fundarte Cuentos de última noche de Esmeralda Torres, escritora del Oriente venezolano, descubrimos un libro nuevo de Luis Alberto Crespo: Sé. “cuídame de la razón cuando me crea viajero del mundo siguiente”. Conseguimos las crónicas de José Roberto Duque “Del 11 al 13, testimonios y grandes historias mínimas de abril de 2002” y el ensayo de Monsonyi y Bracho:”El rescate de la sabiduría indígena ancestral como aporte a un mundo nuevo”. La lluvia de vez en cuando se hacía sentir en una garuita que tomaba cuerpo y después amainaba, como respetando el entusiasmo general.
Otros motivos de alegría por estos días tienen su referencia en la ola de aplausos que está levantando el cine venezolano, pienso que nunca antes tuvimos salas llenas, tan llenas como para que se agotaran las entradas por varios días, con relación a películas nuestras. Eso está ocurriendo en distintas ciudades del país con películas como la conmovedora “Hermano” de Raskin, acerca de quien ya hemos hecho referencia, la “Eva Habana” de la reconocida Fina Torres, esperamos ahora “Taita Boves” de Luis Alberto Lamata, la que seguramente tendrá mucha acogida en las salas nacionales, por su estupenda factura y ya disfrutamos de “Cheila, una casa pa Maita”, película que aborda un tema interesante , bien actuada y con un guión interesante. Cine financiado por el CNAC (Centro Nacional de Cinematografia) y la Villa del Cine. Apúrense porque las colas en las salas son cada vez más largas y las entradas se terminan.
La identificación del venezolano con su cine y su literatura de un modo más eficaz y emotivo me ha llevado a pensar en una escritora nigeriana, Chimamanda Adichié, cuya conferencia titulada El peligro de una sola historia, está circulando en internet con una rapidez inusitada, en la cual de un modo muy sencillo ella explica lo referente al descubrirse diferente frente al discurso hegemónico del invasor en el ejercicio mismo del poder. Su análisis es esplendido, didáctico y de una sinceridad espeluznante, búsquenla. Simultáneamente la escritora sitúa en la literatura la validación de una circunstancia, que manteniendo la dualidad entre realidad y ficción o creación, se convierte en un acto de “devolver” al otro lo esencial de su circunstancia, con más claridad que un espejo.
La Venezuela de hoy en el espacio de su singularidad y metamorfosis puede encontrar en la Literatura y el Cine soportes válidos de la experiencia de conocernos.
Y hasta dentro de 15 días.
Laura Antillano

domingo, 18 de abril de 2010

Si tu me miras de Laura Antillano por Eloi Yague

Si tú me miras, de Laura Antillano
Buenas tardes. Me ha tocado el inmenso honor de presentar la más reciente novela de Laura Antillano. Es un honor, repito, porque la Feria del Libro está dedicada a ella y es un reto también porque Laura es muy conocida y es difícil aportar cosas nuevas sobre su ya vasta obra. Pero como nunca está de más, voy a intentarlo.
Laura es una de nuestras escritoras más más prolíficas, ha incursionado en el cuento, la novela, el ensayo y la narrativa infantil. Su producción literaria se inicia cuando apenas salía de la adolescencia y continúa en actividad. Como narradora ha publicado siete libros de cuentos: La bella época (Caracas: Monte Ávila, 1969), Un largo carro se llama tren (Caracas: Monte Ávila, 1975), Haticos casa No. 20 (Maracaibo: Universidad del Zulia, 1975), Dime si adentro de ti no oyes tu corazón partir (Caracas: Fundarte, 1983; reeditado en 1992), Cuentos de película (Selevén: Caracas, 1985; reeditado en 1997 en Caracas por la Fundación Cinemateca Nacional), La luna no es de pan-de-horno (Caracas; Monte Ávila, 1988), Tuna de mar (Caracas: Fundarte, 1991). Tiene tres novelas: La muerte del monstruo come-piedra (Caracas: Monte Ávila, 1971; reeditado en 1996 en Maracay por La letra voladora), Perfume de gardenia (Caracas: Selevén, 1982 y 1984; con una tercera edición en 1996 en Valencia, por el Rectorado de la Universidad de Carabobo y La letra voladora) y Solitaria solidaria (Caracas: Planeta, 1990; reeditada en 2001 en Mérida por Ediciones El otro, el mismo). Ha publicado también el hermoso relato infantil Diana en tierra Wayúu (Caracas: Santillana, 1992). Además tiene otro libro de cuentos y dos novelas inéditos.
Bueno lo anterior me lo he fusilado de la página web de la escritora que les recomiendo la visiten porque es muy bella y está bien organizada. Lo que puedo decir de esta nueva novela: Si tú me miras, es que en ella Laura hace honor a su apellido. En efecto, esta es una novela antillana, una novela en la que se respira el aire del Caribe por los cuatro costados. La anécdota es sencilla: Una mamá y sus dos hijas adolescentes se van de vacaciones a Margarita. Lo que María Cecilia , la mamá, no sabe es que sus hijas Mafer y Maricris le han estado bsucando novio por internet, un tal Ramón Leiziaga, y que lo van a encontrar allí en la isla maravillosa, tras muchas peripecias. Lo que más me gusta de esta novela es que combina muchas cosas: por un lado es una novela romántica, por otra parte es de aventuras y, además, es una novela en homenaje al escritor valenciano Enrique Bernardo Núñez y a Cubagua, su obra maestra, esa novela que pone de cabeza a los estudiantes de literatura por la dificultad que encierra su lectura pero que a la vez es tan importante para comprender nuestra literatura contemporánea. Los personajes de Cubagua entran y salen de Si tú me miras con toda confianza: allí están Leiziaga, Nila Cálice, Malavé y hasta el historiador Mendoza. Allí, de alguna manera, entre las escaleras clausuradas del Hotel Bella Vista, se cuelan los resquicios de la historia, esa historia que no pudo ser arrasada por la modernidad y que esconde el secreto de la tierra en el areyto para invocar a Vocchi.
Laura logra componer una novela que puede interesar al público adolescente y eso de por sí es un gran logro. Para ello echa mano de recusos que cualquier muchacho o muchacha puede entender como la relación por internet, las apasionadas cartas que intercambian Mafer y su novio Julio César y que aparecen entremezcladas en los capítulos, un reflejo de los mensajes que las chicas, escondidas bajo el seudónimo de Alga Marina, escribían al novio anónimo que le buscaron a su mamá por internet. Estos son los tiempos en que muchas veces los muchachos demuestran mayor madurez que los adultos en muchas cosas. De esta manera se entremezcla el pasado con el presente, desde la más antigua referencia al pasado caribe hasta la más avanzada forma de comunicación con que contamos.
Pero disculpen, no pretendo intelectualizar demasiado una novela que ante todo es una refrescante invitación a la lectura. Me gusta también el hecho de que hay conflictos pero ellos se resuelven mediante el amor, la solidaridad y el compañerismo de unos seres que apuestan por la transparencia y por un futuro mejor para todos. Por si fuera poco está la figura de María Cecilia. La mamá de las chicas, ictióloga de profesión, estudiosa de peces y fauna marina, es ante todo una mujer íntegra, que no duda en luchar por su ideales poniéndose del lado de los pescadores que aspiran ponerle coto a una empresa pesquera que acaba con la fauna marina mediante la pesca de arrastre. En ese sentido, María Cecilia es una mujer valiente y amorosa, como La Tuna, esa mujer pirata nacida y criada en Maracaibo cuyo destino fue surcar las aguas del Caribe en pos de su amado el hijo del Olonés, protagonizando páginas estelares en la novela de aventuras Las aguas tenían un reflejo de plata, publicada originalmente en 2002 y reeditada en 2005.
Por todo esto yo me siento muy feliz de estar aquí esta noche con todos ustedes y con Laura, pues me parece que es una escritora que escribe como cuando era adolescente, nunca ha perdido ni perderá la frescura, que es la base de una escritura que realmente se conecte y se comunique con el mundo infantil y adolescente, el cual es más complicado de lo que parece y si no lo creen traten de recordar por ejemplo el primer amor que vivimos y todos los problemas que nos trajo. Laura Antillano es una escritora que valora el sentido lúdico de la literatura, es juguetona y profunda a la vez, dotada de una gran imaginación y la capacidad de componer relatos y novelas que transmiten valores humanísticos y ecológicos. Por eso te digo Laura, serás solidaria pero no estás solitaria en esta tarea. El mejor regalo que le podemos dara a Laura es leer sus cuentos y novelas una y otra vez y apoyarla para que no muera el Encuentro con la Literatura Infantil que cada año organiza en Valencia. Muchas gracias.
Eloi Yagüe Jarque, Caracas 13-11-2007.

sábado, 29 de marzo de 2008

Laura mirada desde cerca por Orlando Chirinos

Laura mirada desde cerca

Martes siete am: al parecer lo muy temprano de la hora, no es obstáculo para que las personas que laboran o estudian en la Facultad de Educación de la Universidad de Carabobo estén ya en su respectivo sitio. El septiembre de 1976 anuncia en su frescor el agradable frío de diciembre. Cruzo frente al cafetín del señor Moreno e ignoro, no sin dolor, la tentación de un café bien cargado. Oigo desde ya las risas de Migdalia, Norka Bello, Maricarmen y Francisco Liccioni. Apuro el paso, quiero estar en la primera fila para contemplar y dolerme con Edipo en su desgracia, en el inicio de la clase de hoy: La tragedia griega, de regreso de la épica del caso: Aquiles, Héctor. Me gusta como ella conduce el curso, nos gusta. Es delgada, muy delgada, tiene esa voz suave, esos gestos y movimientos lentos que pueden llamar a engaño a algunos: en el fondo presiento a un ser firme en sus convicciones, demuestra seguridad en los conocimientos que maneja. Ahora no lo sabe, y el grupo tampoco, pero dentro de un año será merecedora del Premio del Concurso Anual de Cuentos del diario El Nacional, con un título que me hará recordar, con lágrimas nostálgicas incluidas, a Raquel, mi madre.

Todavía carga el desasosiego, la rabia y la pena que se colaron en su equipaje, en el avión militar que la trajo, junto con otros venezolanos, desde Chile, tras la felonía cometida contra Allende. Claro, eso no empaña el entusiasmo, ni el coraje, ni la alegría inmensa que desbordan sus ojos negros y se le hacen sonrisa cuando celebra con sus alumnos un poema de Teófilo Tortolero: “El día termina con una llamarada/ sobre el mantel nuestra cena fue devorada/ Por los muertos/ Quiénes son ellos/ Aprisionados en el aire de estos lares/ Cansados de cruzar los campos de merinos?/ Nada sabemos de su suerte/ Mas cuando alguna vez seguimos el rastro/ Que va a las sementeras/ Creemos percibir las voces/ De nuestros amigos”.
Jueves, después de la clase de Literatura Venezolana I: acodados en el mostrador Alcides Viña y yo, intercambiamos opiniones sobre los estudios de Lengua y Literatura, Laura cruza el pasillo, allá lejos. En la tarde escribiré, después de la lectura de La imagen, un cuento suyo de 1969: He leído este relato de Laura Antillano. Me llama la atención la forma como el narrador toma distancia del texto. Comienza con una descripción de “Una fotografía pequeña, borrosa, arrugada, cruzada por líneas amarillentas y oblicuas”. El artificio trasciende su carácter funcional y va más allá: creo no equivocarme si digo que todo apunta a la humana lucha contra el tiempo. La imagen congelada es el tiempo detenido. Es el tiempo vertical, poético del que habla Gaston Bachelard.

Pero, el tiempo lineal, horizontal, el que se lee en segundos, minutos, horas, días, semanas, meses y años, convertido ahora en materia poética, es la gran placenta donde se va a cobijar el espacio. Los espacios aquellos donde alguna vez alguien fue feliz: “El sitio: un parque cubierto de césped. En el centro, una dama con vestido amplio, de puños y cuello cerrado; un gran sombrero lleno de cintas y plumas, una sonrisa radiante”. Luego: “Está arrodillada y su mano acaricia suavemente un perro altivo, señorial. El armario es bastante alto, con dos puertas y un frontón tallado de arabescos (…). Sobre el estante, un paquete de cartas ilegibles, deterioradas por el tiempo, rodeado por una cinta roja. Luego, la cesta de estambre y las agujas, un frasco de ‘Verdiver’, una edición rústica, dañada por el uso, de la Biblia”.

En el desarrollo del cuento se volverá a utilizar el instrumento descriptivo. Siento, sé, estoy convencido de que no hay nada gratuito aquí: esas pequeñas presencias le están hablando al lector desde su auténtica naturaleza. Algún día Georg Lukács, a propósito de estas enumeraciones descriptivas, me va a decir que: “La novela del siglo XVIII (Lesage, Voltaire) apenas conocía la descripción, que cumplía allí la función mínima, más que secundaria. La situación cambia recién con el romanticismo. Balzac pone de relieve que la tendencia literaria a la cual representa y que a su criterio ha sido fundada por Walter Scott, asigna una importancia mayor a la descripción”.

Reseñados los minúsculos (pero no menos importantes) objetos, el discurso se verá inundado por el amado espacio de la casa: “una vieja mansión”, con “un patio frondoso y aromático”, “el sabor dulce de los higos”, “un largo corredor”, “la mecedora”, “la poltrona”, “los retratos del difunto”, “la biblioteca”, mas… “todo en un estado lamentable”. Me toca, y mucho, ese aire de decadencia física del personaje, lo sigo en su caída vital en esa “metamorfosis destructiva, ilocalizable”, me acongoja ver a la mujer “demacrada, con los pómulos salientes” y “el cabello larguísimo (que) contrastaba siniestramente con la tez amarilla, demasiado amarilla” hasta que “se hizo borroso, se extinguió”. Me toca como lector sensible que soy, pero entreveo en esa misma decadencia, en esas mismas ruinas, lo que María Zambrano valora como un triunfo del devenir más humano y más sagrado: “toda ruina tiene algo de templo; es por lo tanto un lugar sagrado. Lugar sagrado porque encarna la ligazón inexorable de la vida con la muerte (…). Lugar sagrado donde el tiempo transcurre con otro ritmo que el que rige más allá, a unos metros tan sólo, donde la actualidad se agita”.
Septiembre de 1977, quizás viernes, después del ritual del café en el sitio de Peppe: acabo de concluir la lectura (con lágrimas nostálgicas incluidas) de La luna no es pan de horno. Sentados bajo El Manguito, en el sector “A” de la Facultad de Educación. Francisco Liccioni y Nelson Suárez desenfundan primero: cada uno blande, con ese orgullo que da el triunfo de los verdaderos amigos, el cuento que este año ha ganado el concurso de cuentos de El Nacional. Les digo que son hombres muertos: desde hace rato, antes de que ellos llegaran, tengo desplegado sobre la mesa el relato nombrado. El receso de agosto se interpuso en el contacto semanal, pero aquí estamos de nuevo congregados alrededor de un cigarrillo y una taza. Más tarde nos vamos a acercar al Departamento de Lengua y Literatura: rostros conocidos, presencias queridas: profesores de las distintas cátedras: Esther Fernández, Luisa Pla, Manuel Navarro, entre otros. El corazón es una fiesta. Juro que, aunque a distancia, yo estuve en la recepción en Caracas, en la entrega del premio. Juro, también, que soy un personaje del universo de esa luna que no es “pan de horno”, sino “de piedra y fuego, dura, insensible”. Juro que me atrae y me identifico con la valentía que se despliega al asumir la toponimia que asienta a algunas regiones del país: Maracaibo, Bobures, Barcelona, Uchire, Clarines, Cumaná, Puerto La Cruz, el río Manzanares, la vieja urbanización de El Silencio, en Caracas. Y digo valentía, por ese recato, vergüenza o pudor de ciertos narradores venezolanos que los lleva a no mencionar lo que ya la realidad ha fundado, establecido y refrendado.

Sábado, en una playa de Puerto Cabello: qué bueno toparme, en este cuento de Laura Antillano, con la sabrosa sentimentalidad latinoamericana: ya en la primera página estaba escuchando las canciones de Agustín Lara, la voz de Toña La Negra y me instalé en el corazón de los años cuarenta y cincuenta, me mudé a la vecindad de Los Panchos y Leo Marini. Me luce magistral la seguridad con la que la autora sortea el riesgo de lo cursi y construye un texto que va más allá de lo doméstico, lo cotidiano, hasta llevarlo al plano de lo universal. Es una sabia lección de cómo hacer para enaltecer lo trivial, lo pequeño. Jamás “las florecitas de bellalasonce, los encurtidos (…), los porrones de flores blancas (…), la enredadera de nomeolvides (…), los juguetes de cuerdas” habían cobrado tanta relevancia en un cuento, como ahora. Para mí mismo: me prometo preguntarle a Laura, si conoce de su época en Maracaibo, a gente amiga y militante como Arsenio Bermúdez (El Negro Pepe), Tito Núñez Silva, Néstor Bravo, Folleto y otros.

Domingo siguiente, antes de leer los diarios y anotado sin orden riguroso: el desgarramiento interior, la desesperanza, la ausencia y lo inconcluso son el objeto de interés en La luna no es pan de horno. Su final me lo va a confirmar: “… le digo que nos dejó como legado la desesperanza, porque no ha habido nada como ahogarse en esta ausencia, en esta sensación de lo inconcluso”. Hay una noción de lo circular, es una especie de búsqueda de la armonía de asuntos de signo contrario: un tiempo pasado versus un tiempo presente. Generalizando, y sin tomar en cuenta las particularidades de algunas situaciones propias de la existencia de los personajes más destacados del cuento (construido con la concurrencia de sus cosas más cercanas), el pasado es el tiempo de la felicidad y se opone al presente, el tiempo de la infelicidad. Nadie debe confundir, aun cuando existan datos que podrían ser considerados como autobiográficos, la afectividad y apego del narrador (narradora) con los del autor (autora). Me gustaría escribir un cuento de esta índole. Es efectivo el uso del diminutivo, para redondear la idea de un clima amoroso. La figura de la madre evocada no podría existir sin las presencias que conviven dentro de la casa, entendida en el sentido de refugio, de acogedor nido. El discurso narrativo va, sin violencia y de una manera imperceptible, de lo pretérito al ahora. Sin duda que hay la creación de una atmósfera. Me impresiona esa cercanía-lejanía que maneja el personaje: mostrarse involucrado con las situaciones descritas, pero sin dejarse arrastrar por la sensiblería.

Nota: La luna no es pan de horno continua alumbrando sobre el grupo. Alcides Nelson y yo nos hemos instalado a brindar repetidas veces por la larga vida del relato y la autora. Salud.

Miércoles: un aguacero fuera de temporada me ha encerrado en casa ¡Tantas cosas que hacer y yo aquí! sin poder salir, bajo pena de que se me complique la gripe que me ha tomado por sorpresa a partir del domingo último. Vuelvo sobre los libros de los amigos: la edición es de 1988. El título es el de cuento El Nacional. El sello es de Monte Ávila. Me simpatiza uno de los epígrafes de Con los ojos abiertos: “Soy la sombra de una pena”, parte de la letra de una canción interpretada por José Feliciano. Me detengo en Daguerrotipo del príncipe en sepia: releo las anotaciones que en su oportunidad hice: “Reiteración de una frase o de varias frases para avanzar en el relato”. Otra: “Digresión de un personaje para ir al pasado”. O: “Introducción de elementos extraliterarios en el discurso”. O: “Regreso al pasado (¿es Guillermo Meneses quién lo denomina “pasado activo”?)”, anotado con mi letras de garabatos. Un agregado: “El relato se estructura sobre tres objetos, sobre tres nombres, y, combinándolos, permutándolos en un tono evocativo-amoroso, se inicia y se desarrolla en la angustia de los personajes y, finalmente, desemboca donde ha comenzado: unos ojos, la lluvia y el fondo de unos balcones citadinos”.
Sí, Laura le es fiel a su escritura, me digo y miro hacia Las aguas tenían reflejos de plata. Repaso la dedicatoria: “Para Orlando, con la admiración y el eterno cariño por su literatura, su sensibilidad y su amistad”. Espero atravesar pronto y bien, el territorio éste del quebranto gripal para recorrer el golfo de Venecia, o Golfo de Coquivacoa, ese que desde “1498 fue mentado lago y Puerto de San Bartolomé”. Lo mejor de todo es que también somos consecuentes en la amistad.



Orlando

jueves, 13 de marzo de 2008

La novela Perfume de gardenia

La novela Perfume de gardenia de Laura Antillano trama la subjetividad en la memoria familiar y en la histórica: es escritura amorosa, diario íntimo, slogan, graffiti, canción, documento, metatexto. La construcción del sujeto se aleja del yo que narra su sucesivo acontecer para ser identidades proliferantes instaladas en las grietas del tiempo, que desde la sensorial intimidad instalan lo privado en el espacio de lo que también es público, en el plural texto de la cultura.
Catalina Gaspar, Letralia 2005

sábado, 23 de febrero de 2008

Las piernas del bluejeans

Las Piernas del Blue- Jeans.

“Qué triste es quedarse para siempre
en cualquier sitio”
Teresa de la Parra.


“Me acuerdo de haber sido
laurel-rosa y pez mudo”
Pitágoras (s. IV a. de C).



“Enfurécete cuantas veces quieras, pero no te desmayes”
Jane Austen.




Ahí las cuerdas con la ropa recién lavada, ahí mi blue- jeans esperando los rayos solares, aquí, en este patio con este adiós.

La abuela dijo: - Igualita que en su Primera Comunión, “igualita…” y nos asustamos: hacía tiempo que sólo levantaba la manguera y nos regaba a todos como si fuéramos flores, pero de golpe tiene lúcida mirada y sabe que yo soy Ana y mi hermana Beatriz, y que ella es la abuela… Pero no: después que dijo – Igualita que en su Primera Comunión, se volvió al patio, para regar a los vecinos con la manguera.
Mamá me trata como si fuera a morirme: - En unos años más y ya este corte princesa no enseñará ninguna cintura de avispa y me mira triste… Entonces me vengo al patio y ahí están mis blue-jeans en las cuerdas, como si no se dieran cuenta de nada, levantando las piernas a cada volar del viento, y azules como el mar azul, azul fuerte de tela dura para lavar.
El ruchadito del vestido me molesta, mamá está feliz con el encaje, pero a mí me molesta, ¡qué desperdicio! Vestido para una noche y de paso molesta.
La gata Natacha se me cuela entre las piernas y arrastra su pelambre frotándome como si se diera cuenta de este adiós: y la Beatriz también cree que voy a morirme porque ya me pidió mi casete de los Bee Gees porque como ya no lo vas a escuchar, dijo, y que: Porque ya no lovas a escuchar… ¡como si yo fuera a quedarme sorda y no a casarme! Y quiere mi foto de Baryshnikov, y ella dice: Bueno, pero tú tienes a tu Roberto… Ahora no vas a mirar a nadie más, y ¡me aterro! Ahora cree que me voy a quedar ciega, sorda y ciega, ¡pero no le voy a dejar la foto de Baryshnikov, me la llevo y en algún sitio la pongo, ella dice. Roberto se va a ofender, y yo me quedo pensando, no sé, ese bailarín chiquitico del Baryshnikov, con sus ojos penetrantes no tiene nada que ver con mi Roberto, entonces le digo a la Beatriz: - No, Roberto no se molesta porque por mí, él puede llevarse su foto de Olivia Newton John y ponerla en algún sitio también. Y ¿qué tiene que ver Baryshnikov y Olivia Newton John con todo esto, con este adiós?, lo que pasa es que Beatriz no quiere decir lo que debería, pero no importa, mejor así.
Saco los papeles de la gaveta en nuestro cuarto y los reviso, con la mirada de ella filtrándoseme, con los días en esta habitación, con as ramas del cocotero en la ventana, con las láminas de geografía pegadas en la pared, con su colección de estampillas, como mi oso de peluche gastado y sucio, y la miro… miro a la Beatriz, y me da hambre y sed, y me salgo al patio para, otra vez, frente a las piernas de mi blue-jeans colgadas: ponerme a llorar.
Mamá dice que aguante la respiración mientras sube el cierre, me da un pañuelito y: mira que coquetería, el mismo encaje que llevaba la falda del vestido, un pañuelito… será para llorar, no sé me dice y se voltea, yo sé que no quiere mirarme a la cara. Lo único que hay que llorar es lo que pica este vestido, mamá ¡eso es lo único! Y le bajo el cierre y me lo quito rápido.
La abuela llama desde su cuarto: ¡Mamá, mamá, ven a arroparme!, y yo entro y la veo metida en la cama, está tan arrugadita que parece una flor marchita de días, la arropo y redigo: Bueno, duérmete tranquilita, y ella: Dame la bendición, Dios te bendiga, miador, la abuela está de metra con la arteriosclerosis, pero ya nos acostumbramos todos: entre las regadas inesperadas con la manguera y ese andar por el jardín apuradita como si estuviera a punto de hacer una travesura siempre. El otro día se metió en la cocina cuando yo tenía la licuadora a toda velocidad (ligando melón y piña para la dieta del martes), cuando entró parecía una momia egipcia, seria, mecánica; yo sostenía la tapa de la licuadora y la miraba a ella esperando un parlamento histórico, lo peor fue que ocurrió, porque me dijo, muy solemne: Nos engañaron a todas, nos engañaron y nos van a seguir engañando. Solté la tapa de la licuadora y los pedazos de piña y melón volaron (no sé cuándo es que van a mandar a reparar estas cosas en la casa). La seguí a la abuela y le dije: nos engañaron ¿en qué? ¿cuándo?, el nos, el fulano: NOS, donde me incluye y pluraliza ¡me enferma!, pero le vi los ojos y ya supe que la abuela acababa de sintonizar otra emisora: iba directo al patio a buscar la manguera, tenía los ojos de muchachita traviesa en lugar de los de momia- filosófica de antes.
A veces siento que Roberto y yo miramos el mundo como desde un balcón: el mundo es una masa-mazamorra en donde se levantan cosas duras, estables, para no sentir el mal olor, lo que flota de fondo… mejor la silla de extensión con la lona a rayas y el farol de la calle Comercio: allí se gestó todo entre Roberto y yo, ése es nuestro espacio, allí supe de sus miedos y los míos, de la casa de putas y el terror retratado en los ojos y en las maneras del: - póngase la servilleta sobre las piernas, no fume entre comidas, y no le agarre la mano a la novia frente a las visitas-, allí supe de todo lo que él no sabía y allí lo expliqué lo de la regla y esa desazón, ese desvarío.
Mi mamá anda misteriosísima con una fulana conversación que deberemos tener, dice, ya me lo sospecho, ¡pobrecita! hay tantas cosas que ella se va a morir sin saber y que ya yo sé ¡pobrecita!, vengo, y aquí en este patio, mirando mis blue-jeans secándose, estoy mejor que en ninguna parte. El viento eleva las piernas y todo es azul.
Ayer perdí el autobús dos veces: me subía, veía a Roberto parado en la acera y ya me bajaba por la puerta de atrás para besarlo otra vez.
Le pusieron al patio cadenetas de papel de seda y la tía prepara el “chantilly”: a la novia no le puede ver el novio antes de la ceremonia .me encanta el peso del cuerpo de Roberto sobre el mío, el roce de su piel, esa presión, es muy raro pero uno no siente peso, siente piel, el encuentro, y todo es liviano, húmedo, y flota, conozco cada fragmento de su cuerpo y parece que aprendiera a quererlo precisamente a partir de entender que está cicatriz es una caída del columpio a los siete años, y esta marca es de cuando se quemó con la plancha, y ese lunar es el que tiene su tío Raimundo en el mismo sitio.
Ya mamá tuvo la conversación que quería conmigo, me aterroricé, ¡no puedo creer que ella tenga una idea tan triste de la cuestión!, pero no dije nada traté, hasta de poner mirada de asombro, no sé si se me notó algo, pero ella se fue con una cara de preocupación para la cocina.
La abuela quiere que le lleven una taza de leche caliente a la cama, mamá la prepara colocando la pequeña paila sobre la hornilla, vertiendo la leche con riguroso cuidado, y parece que acariciara la cuchara cuando la usa para dar vueltas al liquido.
Yo la miro desde aquí, sentada en el pretil, puedo divisar la cocina y a ella dentro en sus movimientos lentos, hasta que llena la taza, la coloca sobre el plato y se va al cuarto de la abuela, se acerca a la cama, se sienta, y con el plato sobre sus piernas acaricia los cabellos de la abuela que en estos momentos es una niña y no abuela ni mamá. Entonces, yo regreso mis ojos para posarlos sobre este cielo abierto, inmenso, en donde las piernas de mi blue-jeans siguen flotando con el viento de atardecer, y en medio de las nubes apretaditas creo encontrar los ojos de Roberto, reviviendo esta complicidad nueva, este salto secreto, que nos hace mirar el mundo desde la baranda de un balcón.
¿Por qué mamá habla como si fuera a morirme…?


(Cuentos de Película.( 1997).Editado por la Fundación Cinemateca Nacional, Caracas).

martes, 19 de febrero de 2008

La poesía de Laura Antillano por Francisco Vicente Gómez (Universidad de Murcia)

La poesía de Laura Antillano (Por Francisco Vicente )

Distinguir, diferenciar es reconocer, o lo que es lo mismo, reconocer es distinguir, es diferenciar, afirma Paul Ricoeur en Caminos del reconocimiento. Incluso advierte: es as{i y tiene que ser así por mucho que los términos diferenciar y reconocer puedan generar prevenciones. La funcionalidad concreta que se le pueda dar a diferenciar y reconocer sí que puede ser motivo de preocupación si la dirección es la sumisión, la exclusión, esto es, en los casos en los que la reciprocidad, el reconocimiento recíproco no se da. Este es el tercer camino del reconocimiento que describe el filósofo francés; los anteriores han sido el reconocimiento objetual clásico y el autorreconocimiento.
Parece buen argumento de los estudios de género este del reconocimiento, que temerosos de la homogeneización estética han optado por una materialidad cultural que sea capaz de diferenciar nítidamente más allá de los habituales modelos sociológicos presencias significantes sometidas, ensombrecidas o, simplemente, excluidas, como ha sido el caso de la mujer durante tantos años, décadas y siglos. Y uno de esos contenidos es el de la madre . No cabe duda que la condición de madre y el cronotopo doméstico han pasado de ser interpretantes dinámicos a convertirse en interpretantes lógicos o finales –en la terminología del semiótico norteamericano Ch. S. Peirce- de primer orden de la semiosfera –esta vez convocando el testimonio del semiólogo de la cultura Jurij Lotman- a que da lugar: el de ‘ser madre’, que sostiene la sociosfera de la condición de mujer en la cultura contemporánea.
La poesía de Laura Antillano inscribe su verbo en esta semiosfera de ‘ser madre’ y pone empeño en revelarla, en hacerla presente y, por momentos, incluso denunciarla. Este propósito orienta incluso buena parte de su obra narrativa, tanto la novela –significativa es la novela ‘intrahistórica’, como la ha calificado Luz Marina Rivas- de Solidaria, solitaria; como los cuentos “La luna no es pan-de-horno” y “Dime si adentro de ti no oyes tu corazón partir”, contienen ya esa ‘poética’.
La exigencia estética era elaborar un ‘yo’ poético a partir de un ‘tu’, uno y otro se observan, interactúan y materializan su presencia, su reconocimiento. El tu, el esposo, los hijos, los amigos, algunos lugares y objetos se erigen en el necesario fondo dialógico a partir del que el yo, la madre, se manifiesta, significa (semiosfera) su condición en nuestro mundo, su socioesfera: callada, sometida, al servicio de… Unas veces desde la diferenciaci{on y reconocimiento clásico de lugares, seres y objetos; otras desde el autorreconocimiento y, finalmente, desde el reconocimiento recíproco entre el yo y el tu que lo rodea, simulando diálogos, reproches, ‘monólogos interiores’, etc.
La producción poética de Laura Antillano de la que nos ocupamos está recogida en tres libros reunidos en el libro Obra poética, editada por El mismo, el otro en el año 2004. Estos libros son La casa del Milagro, Migajas y El verbo de la madre. En los tres Laura Antillano elabora un yo poético ‘madre’, a partir de los tres modos de reconomiento.
En La casa del Milagro el yo madre se constituye significativamente a partir del fondo dialógico de elementos de la naturaleza, ellos son la imprescindible distancia estética o extraposición semiótica para que el yo al observarlos se objetive a través de su percepción, y materialice un yo dotado de una extraordinaria sensibilidad y delicadeza: así el nacimiento de la flor de la tuna es 2motivo de asombro”, el movimiento de la amapola ‘regala’ “su blanco inmaculado” (p18), la recogida del níspero es ‘faena ritual’, la ‘desarmonía’ de las vainas del cují “es descanso” (p.19), y las flores de las trinitarias “su permanencia/es definitiva”, y son símbolo de “mis/quince años” (p.20), y los limonzotes, “lo dulce/en lo agrio” evoca “la calma de las tardes” (p.21).
Si la naturaleza ha compuesto el fondo dialógico –cosificación- por el que el Yo madre se define, en el segundo conjunto poemático de este libro ‘Cofradía de hatitantes’, son los habitantes que pueblan el entorno, muy en particular la casa, en el que se desenvuelve el mismo, el yo, el verbo de la madre, el yo mujer-madre: padre, hijos, niños, hermanos, etc. Así como el cronotopo familiar que le es característico: la comida, la sobremesa, el planchado, la guerrilla, etc., bajo la modalidad enunciativa que sea, enunciada como TU:
“Madre
con la palanca
de la m´quina
fija a la mesa de
planchar
…
las vueltas
de su esfuerzo
definen
la calidad del pan
par la cena” (p.34)

bien enunciado como ‘Yo’ en un ejercicio de autorreconocimiento
“ Crecemos sin saberlo
cada una
…
la vida nos dirá
de la casería y el desamparo,
pero también del muelle
para crear
el tránsito” (p.38)

El verbo de la madre, el Tu creado, objetivado ha necesitado para ello de la resistencia de las cosas y de los otros seres. No hay posibilidad de confusión: la percepción da forma a objetos y los diversos roles con sus respectivos espacios y tiempos crean los contornos necesarios entre ellos: la madre pone la mesa y la retira, los hijos mientras conversan… Y aún así siente que la palabra le resulta insuficiente:
“Y no sé
poner en
palabras
lo que quisiera
para ti” (p.36).

Esta asimilación de la condición ‘madre’ a roles sociales que propician el simulacro de un reconocimiento recíproco, así como a ‘lugares sagrados’ y sus correspondientes objetos de culto, tercer grupo poemático de La casa del Milagro, como es el caso de la cocina, la escalera, el marco de la ventana, un proyector de cine, una guitarra, el sótano, el balcón, el comedor y la cama, que propician tanto un conocimiento como un autorreconocimiento:
“Desde la cama
vivo
la distancia perfecta
para contemplar
el cielo rojo en
la madrugada,
sobe las aguas
del lago.
Sol japonés,
Cuanto daría
Por verte de nuevo
Desde el mismo lugar
Y en aquel
Tiempo” (p.63)

Todos ellos tejen la significación de los poemas y van creando ese ‘verbo de la madre’, que discurre textualmente entre enumeraciones, más expansiva que linealmente –conmoratio-. Más presentando que narrando.
Migaja, el siguiente poemario, es un estremecedor reticulado de objetivaciones sobre la condición ‘mujer’ y ‘mujer-madre’, esta vez a partir de acciones y relaciones, en el que este ‘tu’ adopta diversas máscaras enunciativas. Unas veces es ‘ella’ la que dice de ‘él’:
“Te respiro ajeno
Como en sombra
Todo el día
Desentierro la extrañeza
No puedo
Falta tu mano aquí” (p.67).

Otras veces es el sujeto poético el que dice de ‘ella’:
“tu casa
plena de ti

disciplina

la rutina del soldado,
la fuerza
de un hacer
a fuego lento.

…

es tu huella,

…

sembrada estás
para
el júbilo” (3, p.69).

“…
es
tu sudor
de
agua bendita” (7, p.73).

La correlación entre hombre y mujer, así como diversos lugares donde esta interacción se da, desde la casa a la cama es en esta ocasión la productividad de los poemas. La autenticidad, el sacrificio y el valor serán los ejes vertebradotes de su significación, y sobre los que irá cobrando relieve la condición femenina. De nuevo los tres caminos del reconocimiento: el fenoménico (los lugares), el autorreconocimiento y la reciprocidad (en las acciones) jalonan el paratáctico (conmoratio) los versos que constituyen este poemario.
Es Migajas un poemario sobrecogedor que asume el reconocimiento de la contienda entre mujer y hombre (“reconocer la contienda” p.89), y ante la imposibilidad de un reconocimiento recíproco estremecedoramente
“Busco nobleza
en los restos del
naufragio (21, p.84)

Y más aún
“las migajas
del
desasosiego” (17, p.82)

Aunque esto le haga transitar ‘senderos de paria’ y sentirse “peregrina / extranjera” (p.83).
Migajas ahonda a partir del autorreconocimiento en la diferente entrega de ella frente a él. Insistiendo en la ‘pesencia’, débil en él. Así como el último poemario, El verbo de la madre dibuja el perfil de la mujer-madre a partir del fondo dialógico del hijo: del hijo que nace (1), que echa a andar (2), que aprende sus primeros gestos (3), crece y que sin remedio un dìa ‘parte’ de la casa materna, dejando a la madre sólo la posibilidad de ‘acunar su huella’ (4), de unas lecciones que caerán en ‘saco roto’ (5), sin poder evitar el ‘derrumbe’:
“incurable
se
despide

extraño
deviene
el derrumbe (6, p.110).
Ni el desasosiego, porque, desde la condición de madre, “perdió pie,/ tantas veces” (8), porque ‘camina sin saber’ y no se le puede ayudar a salir del laberinto desde ‘lo no dicho’ (9), y desde la no escucha:
“La Madre dice
Escucha,
espera
…
Pero
puerta cerrada
Silencio
Sordo (10, p.114).

Negación, la espalda y la mano cerrada son los conceptos y gestos corporales que materializan la simbología de la separación (11). Así como ceguera (12), hiel (13) y experiencia velada (14) lo que queda. El primer Canto de El verbo de la madre ha trazado el doloroso reconocimiento de un hecho muy frecuente en la vida de una madre: acunar la venida y la marcha del hijo sin tener la certidumbre de haber sido escuchada, de haber sido reconocida. En él las palabras se han ido despeñando más que sucediendo, gobernadas por el ansia de lo que no se puede contener, desplegando a partir de (isosemia / matriz) una leve linealidad predicativa sostenida por la apertura simbólica de los términos, que trasciende la propia representación:
“Desprenderse
renuncia y búsqueda de prueba
rasga la crisálida
con mesura
desabriga para tomar
ruta
demuele afabilidad
¿A dónde va?” (p.110).

Lo enunciado a través de los hechos sólo ha diferenciado a dos actores, a la madre y al hijo; el ‘yo’ de la madre se ha ido fraguando frente al ‘tu’ del hijo. Pero no basta, y ante la dificultad de reconocimiento recíproco, el sujeto poètico opta en el II Canto por el autorreconocimiento del rol de madre, umbral de la dialogicidad auténtica. Y ese rol se va asomando en las constantes preguntas que a partir de la marcha se hace insistentemente:
“Silencio que no es
sólo pensar en ese allá
¿dónde?
¿dónde esta el niño?
¿el que salió de aquí?
¿cuando
dejó
el cobijo?
¿retornará?” (15, p.121).
Los interrogantes, preguntas retóricas, mediante la conmoratio se suceden sin remisión e interpelan a la vez que jalonan la angustia del verbo de la madre ante una incertidumbre que se encamina hacia lo peor: “¿Cuándo fue / la huida?” (16, p. 122), “¿Dónde / después de tanta soledad?” (17, p.123). Preguntas y más preguntas que despliegan obsesivamente la duda sobre el propio proceder: “faltó lucha, / bandera en tierra” (p.18, p`.124), pero que acaban siendo “supuestas / elocubraciones” (19, p.124), “sólo / sospechas” y “alguna certeza inesperada” (19, p.125).
No obstante, como madre desea redimir la situación, y regresar al hijo “a la fronda nueva / a carne / de tu carne” (22, p.128)

lunes, 30 de abril de 2007

[{[..Escritora Laura Antillano..]}]

Laura Antillano, Caracas (1950).Licenciado en Letras Hispánicas, Magíster en Literatura Venezolana. Escritora y docente. Ha incursionado en el cuento, la novela, la poesía, el ensayo, la narrativa infantil y los guiones para cine y tv. Como narradora ha publicado siete libros de cuentos: La bella época (Caracas: Monte Ávila, 1969), Un largo carro se llama tren (Caracas: Monte Ávila, 1975), Haticos casa No. 20 (Maracaibo: Universidad del Zulia, 1975), Dime si adentro de ti no oyes tu corazón partir (Caracas: Fundarte, 1983; reeditado en 1992), Cuentos de película (Selevén: Caracas, 1985; reeditado en 1997 en Caracas por la Fundación Cinemateca Nacional), La luna no es de pan-de-horno (Caracas; Monte Ávila, 1988), Tuna de mar (Caracas: Fundarte, 1991) y la selección titulada La luna no es de pan-de-horno y otros relatos (Caracas, MonteAvila, 2005). Tiene cuatro novelas: La muerte del monstruo come-piedra (Caracas: Monte Ávila, 1971; reeditado en 1996 en Maracay por La letra voladora), Perfume de gardenia (Caracas: Selevén, 1982 y 1984; con una tercera edición en 1996 en Valencia, por el Rectorado de la Universidad de Carabobo ) Solitaria solidaria (Caracas: Planeta, 1990; reeditada en 2001 en Mérida por Ediciones El otro, el mismo) “Las aguas tenían reflejos de plata” (Caracas,Santillana,2002). A la que se suman dos novelas para niños: Diana en tierra Wayúu (Caracas y Bogotá: Santillana, 1992,1993, 1994,1997, 2002,2004) y Emilio en busca del enmascarado de plata (Caracas, editorial MonteAvila ,2005) y una juvenil: Si tu me miras (Planeta 2006).Entre sus cuentos para niños: ¿Cenan los tigres la noche de Navidad? (Caracas, Monte Avila editores ,1991, 2005 segunda edición).En poesía ha publicado el volumen: El verbo de la madre (Mérida, editorial El otro el mismo,2005) y Migaja ( de pronta aparición MonteAvila 2006) .Guionista de cine, televisión y radio. Trabajó en el Canal 2 (RCTV) en 1983 escribiendo guiones para una serie juvenil y adaptó para ese medio dos cuentos de Rómulo Gallegos: “La hora menguada” y “La fruta del cercado ajeno”. Por el guión de cine del largometraje: Pequeña Revancha escrito en colaboración con el director del film, Olegario Barrera obtiene el Premio al Mejor Guión en el IV Festival Internacional de Cine, Mérida, 1986. Obtiene el Premio Foncine al Mejor Guión para Niños y Jóvenes, por: “Con cierto corazón”, escrito con Néstor Caballero. Es Guionista del film corto metraje de ficción “Entre líneas”, dirigido por Emilia Anguita, 1989.

Algunos reconocimientos: Premio Regional de Literatura Zuliano Jesús Enrique Losada, Premio de cuento del diario El Nacional 1977, Premio de cuento Julio Garmendia 1984de la U.C.V., Bienal José Rafael Pocaterra 2004 en Poesía (con el libro Migaja).

Ha culminado la escritura del guión de otro largo: “Y nos queríamos mucho por eso”. Acerca de la vida del escritor Aquiles Nazoa y el periodista Sergio Antillano, ambos vinculados a los grupos Contrapunto y Taller Libre de Arte, en la época de los años cuarenta y cincuenta.

Actualmente trabaja en su escritura, organiza talleres literarios y programas de promoción a la lectura con distintas instituciones, produce el Programa de radio (por diez años) La Palmera Luminosa los sábados a las 8.00p.m. en Universitaria 104,5 FM de la Universidad de Carabobo, dicta clases en la Maestría de Literatura Venezolana de la misma universidad, participa en actividades de la Plataforma del Cine del Ministerio del Poder Popular para la Cultura y es Coordinadora del Área de Literatura Infantil de la Casa Nacional de las Letras Andrés Bello.